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Aldo Chaparro

Hotel Felicidad

Jan 21 - February 28, 2021

A lo largo de los años, el trabajo de Aldo Chaparro ha respondido a una metodología fundamental: establecer una relación de tensión con una materia para transformarla. Dicha relación puede estar atravesada por un sentido lúdico o responder a una mirada irónica, pero siempre busca hacer surgir nuevas posibilidades contenidas en los materiales, las formas, las técnicas, los procesos, y los conceptos.

Además de su relación obstinada con la materia física (como aquellas piezas que surgen de una pugna con el acero o la madera), Aldo Chaparro también lidia con materias intangibles como los conceptos artísticos y los protocolos del mundo del arte. Así, por ejemplo, juega con la noción de tallado, extrapolando dicha técnica escultórica tradicional para hablar del vacío, o, asimismo, parodia la idea de originalidad y autoría mediante sus múltiples citas (como las letras de canciones en sus posters) y sus trabajos colaborativos (con el grupo de música Plastilina Mosh, con el escritor Mario Bellatin, o, transtemporalmente, con su padre, José Chaparro). El artista también se replantea las distinciones entre el diseño y el arte o la contemplación y la funcionalidad, como con su Mesa para galerías o MCHF, su pintura de pared para salas de exposición. En esa línea, cabe recalcar la difusión que hace del trabajo de otros artistas. El Aparador Cuchilla, que recrea el de su estudio en Ciudad de México, nos ofrece la oportunidad de ver la obra de otro artista (Pablo Ravina).

Acaso la gran preocupación que atraviesa la trayectoria de Aldo Chaparro concierne a la pregunta “¿qué (más) significa ser un artista?”. Para entender como ha intentado responder dicha pregunta, se ha optado por incluir su voz, que describe los proyectos seleccionados para la muestra, que revelan su aproximación, metodología, y preocupaciones fundamentales, así como la profundidad filosófica de su humor.

He ahí el sentido de su referencia a la muerte en el título: ya es demasiado tarde para morir joven (el dudoso glamour maldito del romanticismo), pero tampoco es cuestión de pedirle a la muerte que se apure. “Carpe diem” decía Horacio. Pero no debemos olvidar las palabras que le siguen a ese poema: “quam minimum credula postero”—confía mínimamente en el mañana—.

Max Hernández Calvo